La integración de las escuelas con su entorno fortalece el vínculo entre educación, territorio y medio ambiente desde una perspectiva de cuidado colectivo. (Fuente: Eleazar Cuadros)
En un mundo cada vez más interconectado y polarizado, las escuelas se han ido encerrando en sí mismas: equipamientos amurallados que tienden a aislarse de su entorno. Esta separación no solo es física, sino también conceptual y funcional, pues reproduce un sistema educativo fragmentado que se aleja de las dinámicas comunitarias. A pesar de múltiples esfuerzos, los resultados educativos, las inequidades y las brechas persistentes dan cuenta de esta realidad.
Sin embargo, las escuelas poseen un enorme potencial para convertirse en centralidades articuladoras del territorio promoviendo nuevas formas de colaboración comunitaria. La Pandemia ya fue una dramática muestra de ello. Con ese objetivo, y desde las miradas complementarias de nuestras propias experiencias, surge la estrategia “Escuelas Territorio (ET)”: Derribar muros —físicos y simbólicos para abrir las escuelas al barrio, transformándolas en nodos de encuentro, aprendizaje y convivencia ciudadana.
Escuelas Territorio plantea una integración activa donde la calle y el espacio público comunitario emergen como extensiones naturales del aula y la escuela, lugar en el que niños, niñas y adolescentes buscan no ser sólo sujetos pasivos del conocimiento, sino ciudadanas y ciudadanos activos que aprenden y producen sus espacios junto a sus maestras, maestros, barrio o comunidad.
Una primera experiencia de implementación de ET se está desarrollando en Manchay, donde la red de cunas gestionadas por la Parroquia Espíritu Santo del Arzobispado de Lima viene trabajando en el marco de la estrategia “Una Iglesia en Salida”. El diagnóstico mostró que las cunas comparten desafíos comunes: precariedad en infraestructura, percepción de inseguridad y un progresivo distanciamiento del entorno.
La intervención en Manchay busca revertir esta problemática a través de un abordaje integral que articula dimensiones urbanísticas, de gestión y gobernanza, pedagógicas y socioambientales. La primera acción es replantear/reformular la relación entre escuela y territorio a partir de la regeneración urbana: se promueven accesos abiertos, se habilitan rutas seguras y se recuperan los espacios públicos adyacentes. Estas acciones no solo mejoran la infraestructura, sino que propician entornos de aprendizaje vivencial y comunitario.
La gobernanza es un desafío complejo, pues el contexto aparece vulnerable y propenso al conflicto y ahí está el reto. El rol que asuman las autoridades locales, instituciones de la sociedad civil, organizaciones de mujeres, vecinos, comerciantes, jóvenes y demás, será clave para su éxito y sostenibilidad.
“La estrategia Escuelas Territorio nos invita a repensar el rol de las escuelas en nuestras ciudades y también en las comunidades rurales”.
ET también revaloriza la agencia de la infancia desde los proyectos pedagógicos. Niños y niñas, al participar del proceso de producción de su espacio público, se constituyen en sujetos activos de transformación, donde no solo aprenden como alumnos en la escuela, sino que también inciden como ciudadanos que transforman su entorno, ejerciendo su derecho a la ciudad. La implementación de huertos escolares, renaturalización de patios y adecuaciones verdes introducen prácticas pedagógicas centradas en la educación ambiental y la gestión de riesgos. Los niños fortalecen un vínculo necesario entre la escuela, el territorio y el medio ambiente desde la lógica del cuidado.
La estrategia Escuelas Territorio y su implementación en Manchay nos invita a repensar el rol de las escuelas en nuestras ciudades y también en las comunidades rurales. Derribar los muros implica construir una nueva gobernanza donde las decisiones se toman colaborativamente y la escuela se erige como plataforma de articulación y cuidado.
Repensar el territorio y lo comunitario desde la infancia y la escuela implica recuperar lo esencial: sumar voluntades, revalorizar lo público y construir, de manera colectiva, un hábitat más justo, equitativo y habitable. Escuelas Territorio es, así, un llamado a “rehabitar poniendo la educación en el centro, abiertos al encuentro con la comunidad”.