La sostenibilidad no debe ser un eslogan, sino una responsabilidad empresarial con impacto real en los territorios donde operan. (Fuente: Agencia Andina)
La reciente Encuesta de Informes de Sostenibilidad de KPMG (2024), analiza las tendencias mundiales en la elaboración y presentación de información sobre temas ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG). En ella se visualiza que el 78% de las 250 empresas más grandes del mundo, y el 68% de las principales cien empresas de cada país (sobre 58 países), adoptan los estándares GRI para sus informes de sostenibilidad y el Perú no se queda atrás, ya que más de dos mil empresas (entre pequeñas y medianas) ya elaboran sus reportes siguiendo estos estándares.
Los estándares del Global Reporting Initiative (GRI) nacen en los años 90’ luego de la tragedia ecológica en Alaska donde el petrolero Exxon Valdez encalló, vertiendo al mar más de 30,000 toneladas de crudo que terminaron afectando cerca de 2,000 Km de costa en 1989. Estas circunstancias exigen nuevos mecanismos de transparencia en las acciones de las empresas, las mismas que intentan establecerse a través de la Global Reporting Initiative, una institución nacida en Boston (Estados Unidos) en 1997, de la mano de las ONG CERES y Tellus Institute con la colaboración del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Este instrumento utilizado de manera recurrente por las empresas en los últimos años plantea una pregunta crucial: ¿Las empresas están verdaderamente comprometidas con la sostenibilidad o simplemente utilizan estos informes como una herramienta de marketing?
Aquí es donde entran dos términos que podrían dibujar el verdadero rostro de algunas empresas: el “greenwashing” y el “socialwashing”, que son prácticas en las que algunas empresas intentan proyectar una imagen engañosa de responsabilidad ambiental o social y, aunque los estándares GRI buscan promover la transparencia, su aplicación incorrecta o superficial puede facilitar estas distorsiones.
Largo puede ser el debate sobre la transparencia, la ética y la buena fe, pero creemos que ningún gremio empresarial debería poner las manos al fuego en favor de alguno de sus miembros, porque son ellos (cada empresa), los únicos responsables de la verificación de la información presentada que, durante el proceso, pueden seleccionar datos favorables u omitir aquellos que puedan dañar su reputación.
Desde ningún punto de vista queremos cuestionar los objetivos perseguidos por los GRI, muy al contrario, creemos que es una importante herramienta de análisis de impactos, pero que, sin embargo, algunas veces desde nuestro trabajo de campo, pareciera que la información reportada no se acerca mucho a la realidad evidenciada en los territorios donde operan algunas empresas.
La sostenibilidad no es una moda, es una necesidad, debido a lo cual no debería convertirse en un eslogan para posicionar o lavar la imagen de la empresa, sino que debe representar un compromiso y verdadero cambio de enfoque corporativo plasmado en la premisa de dejar mi entorno en mejores condiciones en comparación a cómo lo encontré.
Por lo tanto, es primordial que las empresas que aún no lo han hecho, dejen de convertir los reportes GRI en simples herramientas de marketing, relaciones públicas o justificaciones para buscar fondos de inversión. En su lugar, deben incorporar el desarrollo sostenible a su ADN empresarial como un sello indeleble que los caracterice.